Son dos conceptos que están relacionados, pero no coinciden exactamente. Hay palabras y expresiones correctas que en ciertas circunstancias no resultan adecuadas y, al contrario, hay ocasiones en que lo adecuado es lo incorrecto. Un mensaje resultará adecuado en la medida en que cumpla la intención del emisor, y eso depende de que el hablante haya acertado a la hora de elegir las palabras, de que haya pensado en quién es el interlocutor y, en definitiva, de que se ajuste a la situación en la que se produce la comunicación. Hay determinados elementos, generalmente considerados incorrectos, que sin embargo pueden resultar adecuados. Pensemos, por ejemplo, en el caso de un escritor que pretendiera dar verosimilitud al habla de ciertos personajes populares. Lo más adecuado sería recurrir a las expresiones que realmente usa ese tipo de personas, lo que le llevaría a tener que utilizar muchos términos o construcciones consideradas vulgarismos en las gramáticas y en los manuales. Y lo mis...
La importancia de un error dependerá del efecto que provoque en el destinatario y, sobre todo, de la medida en que el error dificulte que el texto alcance sus propósitos comunicativos . Un mismo error puede tener efectos muy diferentes según la situación en la que se produzca: no es lo mismo equivocarse en el uso de una palabra delante de unos amigos en una charla informal que hacerlo delante de millones de espectadores. La importancia, por tanto, no está en el error en sí, sino en las circunstancias que lo rodean. Los coloquialismos no son errores : son términos o expresiones que pertenecen a la lengua usada por todos los hablantes de una lengua en situaciones de comunicación cotidiana; solo se convierten en error cuando se usan indiscriminadamente en contextos en los que se exige un estilo más cuidado. Tampoco los dialectalismos son errores de por sí : pueden serlo si se emplean fuera del ámbito que les corresponde, pero no si se usan en el contexto apropiado. Incluso los vulgaris...